Proteger la llama...
...es también desechar la mentira.
Escribe.
No porque lo que vayas a escribir sea bueno, vaya a aportar nada a la historia de la humanidad o te vaya a pagar el alquiler este mes.
Escribe por el mero hecho de escribir.
Escribe porque es humano, porque, en la época de las máquinas, hacer el esfuerzo de traducir pensamientos en letras impresas es ya en sí mismo una victoria.
Escribe, aunque sea malo. Aunque creas que a nadie le interesa. Aunque ni si quiera tú sepas a dónde quieren llevarte las palabras.
Escribe porque sí, porque es tu poder y tu privilegio.
Mucha gente dice que no tiene nada en contra de la inteligencia artificial. Yo sí. No me interesa lo más mínimo una vomitona de palabras puestas una detrás de otra sin una experiencia vital detrás que quiera contarme algo. Y podrá ser un texto de una calidad impecable, pero prefiero una y mil veces zambullirme en un barrizal de expresiones y técnicas mejorables, detrás de las cuales hay un dolor, una alegría o un anhelo con el que conectar.
Así que escribe. No prompts, sino vivencias. Es tu vida, con sus piedras y arañazos, la que es capaz de remover al otro. De hacerle sentir menos solo. Más visto.
¿Crees que a nadie le interesa lo que puedas contar? No te voy a mentir: es muy posible. Tal vez no te lea nadie. Tal vez te lean una, dos personas. O tal vez te lea alguien con una herida abierta que encuentre en tus palabras las herramientas de sutura que tanto necesitaba encontrar. Tal vez haya en un poema, en una historia, en una frase, ese espejo en el que necesitaba ver reflejados sus propios espectros, y que sea a través de ti y lo que has creado como pueda por fin exorcizarlos.
Y hago un apunte: donde digo escribe, digo pinta. Digo fotografía, digo canta, digo compón. Digo crea, crea, crea, en cualquiera de sus formas.
Nos han vendido el cuento de que el arte y la creatividad solo tienen cabida si van respaldados por un aluvión de likes ―que mañana ya no significarán nada―. Pero que la gran máquina no te engañe: Tu arte, tus creaciones, tienen valor en sí mismas desde ese primer destello en que empiezan a ser creadas.
Cuanto más consumes, menos creas. Cuanto menos creas, menos piensas, menos reflexionas, menos recapacitas sobre cada pequeña cosa que atraviesa la vida. Y así te quieren: convencida de para qué.
Y yo desde aquí le lanzo este texto al mundo, pero, en realidad, lo escribo para recordármelo a mí misma. Para bajarme a trompicones de la rueda vertiginosa, adictiva y anestesiante, y para recuperar parte de esa naturaleza humana que llevó por primera vez a alguien a impregnar la palma de la mano en un pigmento natural y posarla sobre la pared de una cueva.
Así que crea, boba.
Crea por el mero hecho de que gozas de la capacidad de crear. No pierdas el tiempo comparándote o repitiéndote que lo que haces no es lo suficientemente bueno como para que merezca la pena.
Has creado algo.
Solo por eso, ya la merece.




Palabras directas al corazón que se sienten como un golpe a mano alzada en la frente dado por un maestro invisible pero eterno. Gracias por este texto.